¿ME FALTA ATENCIÓN O ME SOBRA?

Imagina que tu hijo, es considerado por casi todo el profesorado, como un alumno despistado, inatento, desmotivado, vago, desorganizado, con fracaso escolar o bajo rendimiento académico, parece no escuchar las instrucciones escolares, interrumpe bastante el ritmo académico de la clase, habla mucho con los compañeros, no sigue el ritmo de la clase, reta a los profesores,…blabla blablabla bla blablá, así hasta una buena retahíla de comportamientos y actitudes negativas que algún educador sin nociones básicas de Dificultades en el Aprendizaje, sin verdadera vocación y pasión en su trabajo, y a día de hoy tal y como está constituido el sistema educativo, no podría seguir su ritmo de aprendizaje mucho tiempo en su grupo-clase.

Pues bien, incoherentemente, una gran mayoría de estos educadores (doy gracias porque aún queda un atisbo de humanismo e integridad entre todos nosotros y al menos, algunos obran de forma coherente, intentando otras alternativas) optan por lo más rápido y conveniente para que su ritmo de trabajo no se vea truncado, una tutoría de emergencia con los padres para insinuar que el alumno ha de ser valorado por un posible caso de déficit de atención e hiperactividad y que lo mejor sería empezar con la medicación para tranquilizar los nervios. Esta parte es la más brusca emocionalmente hablando ya que se recibe información que no siempre es muy bien tolerada, digerida y asumida por parte de los padres.

Si la primera parte tiene su brusquedad, la segunda no es para menos. La segunda parte es la más importante y trascendental porque se ha de tomar una decisión que irreparablemente puede perjudicar al alumno a nivel emocional, social y personal si NO es valorado de forma correcta, precisa, adecuada y apropiada, emitiéndose así un diagnóstico poco fiable o incorrecto. Entonces, llega todo un proceso de búsqueda de profesionales especialistas, valoraciones psiquiátricas y/o psicológicas, evaluaciones pedagógicas, pruebas neurológicas, y demás.

Hoy en día, a pesar de que nos inunda la marea tecnológica, se siguen dando bastantes casos, en los que los alumnos que presentan indicadores discontinuos de inatención, impulsividad e hiperactividad, son diagnosticados como TDA-H.
De ahí, que sea tan importante un buen desempeño en la valoración del alumnado con este tipo de patrón comportamental y características cognitivas. Por ello, antes de finalizar el proceso de evaluación psicopedagógica del alumno, es de vital consistencia que todos los resultados obtenidos sean equiparables y uniformes en todos los contextos; es decir, los indicios de inatención, impulsividad e hiperactividad han de mantenerse constantes en todos sus entornos de actuación y espacios de relación para que se pueda hablar de TDA-H.

¿Y qué ocurre con esa parte de alumnado que ha sido evaluado de forma no idónea y no termina de encajar en su grupo clase? Probablemente, algunos de estos alumnos posean Altas Capacidades pero no han sido detectadas a tiempo. Al no trabajar, ni desarrollar, ni potenciar de forma apta estas Altas Capacidades, estaremos ante un caso de TDA-H erróneamente diagnosticado.

“Experiencia es el nombre que todos dan a sus propios errores”

Oscar Wilde

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